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La culpa es de la vaca 2

Una vasija agrietada

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Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que pendían de los extremos de un palo que llevaba sobre sus hombros. Una de las vasijas era perfecta y conservaba el agua completa hasta el final del largo camino, desde el arroyo hasta la casa del patrón.

La otra vasija tenía una grieta por donde se iba derramando el agua a lo largo del camino. Cuando llegaba, sólo podía entregar la mitad de su capacidad. Durante dos años se repitió día a día esta situación.

La vasija perfecta se sentía orgullosa de sí misma, mientras que la vasija agrietada vivía avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable por no poder cumplir con cabalidad la misión para la que había sido creada.

Un día, decidió exponerle su dolor y su vergüenza al aguador, y le dijo:

—Estoy muy avergonzada de mí misma y quiero ofrecerte disculpas.

— ¿Por qué? —Le preguntó el aguador—. Tú sabes bien por qué —responde la vasija—. Debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad del agua y por ello sólo recibes la mitad del dinero que deberías recibir.

El aguador sonrió mansamente y le dijo a la vasija agrietada:

—Cuando mañana vayamos una vez más a la casa del patrón quiero que observes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo y, en efecto, vio que las orillas del camino estaban adornadas con bellísimas flores. Aunque esta visión no le borró la congoja que le crecía en su alma de vasija por no poder realizar su misión a plenitud, al volver a la casa recibió esta respuesta del aguador:

— ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen al lado del camino? Siempre supe de tus grietas y quise aprovecharlas. Sembré flores por donde tú ibas a pasar y todos los días, sin tener que esforzarme para ello, tú las has ido regando. Durante estos dos años, he podido recoger esas flores para adornar el altar de mi maestro. Si tú no fueras como eres, él no habría podido disfrutar la belleza de esas flores.

¿Cuántas fallas de muchas personas son consideradas cualidades para otras personas?

¿Por qué somos tan fuertes con la autocrítica?

¿Podemos aprovechar mejor las capacidades de los colaboradores, de los hijos, de nuestra pareja?

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